miércoles, 16 de mayo de 2007

Historias de estación

Leí una vez en un libro que las estaciones son uno de los lugares más tristes del mundo. Gente que deja un sitio, una ciudad, una vida, que va de visita un lugar,... Yo suelo viajar bastante en tren. Y aunque normalmente voy y vengo en el día, siempre que subo en el tren me entra una sensación de tristeza, como que dejo algo detrás que nunca voy a recuperar. El domingo, cuando venía a Palencia después de pasar el fin de semana en Valladolid, me dediqué a observar a los pasajeros y a sus acompañantes. La pareja de enamorados que se despiden incluso cuando está ya el tren en marcha, un abuelo que despedía a su nieta con los ojos húmedos, una chica que prometía a su amiga llamar cuando hubiera llegado y el resto de gente, que escuchaba música, leía, miraban el reloj, apuraban el último cigarro en el andén o simplemente esperaban que el tren saliera y les llevara a su destino. Y me di cuenta de cuántas historias sucederán en estaciones de tren, de metro, de autobus cada día. Cuánta gente se habrá enamorado en una estación, habrá dejado a su pareja, habrá visto por última vez a alguien, se habrá reencontrado con un amigo al que hace tiempo no ve o se habrá cruzado con un conocido sin haberle visto. Historias que suceden todos los días de las que estos lugares son los únicos testigos.

3 comentarios:

bruixot dijo...

uf, es cierto. La de historias que podrían contar las estaciones...cómplices de tantos encuentros, despedidas, amores...

María dijo...

Yo creo que las estaciones son uno de los lugares por los que más sentimientos pasan. Muchos triste y muchos también alegres. Ya que una cosa buena que tienen las despedidas son los reencuentros.

El tren es mi medio de transporte favorito. He vivido muchas despedidas, encuentros y he visto a mi alrededor todas esas sensaciones que florecen cuando hay que decir adiós o que surgen cuando alguien te espera al bajar al andén.

Es cierta la sensación de dejar todo atrás, pero a la vez que lo dejas estás en el camino, y me encanta esa sensación de estar en el camino. Ni en el origen, ni en el destino, solo en el camino. Sin querer irte y sin querer llegar…es lo que más me gusta del tren.

Y su sonido, y como acelera y frena lentamente, entendiendo que te cuesta irte o llegar y lo hace con delicadeza. Y mientras tanto te ofrece un precioso paisaje.

Milady dijo...

Bruixot: si las vías del tren hablarán...
María: has definido perfectamente todas las sensaciones que se sienten en el tren. Cómo se nota que haces muchos viajes en él. Para mi siempre será un placer pasar más de 9 horas en uno para ir a visitarte a Barcelona.
Besos a los dos.