
miércoles, 30 de mayo de 2007
Plenilunio

martes, 29 de mayo de 2007
sábado, 26 de mayo de 2007
Nadie dijo que fuera fácil
Todo el mérito es tuyo; tienes mi palabra de honor. Quizá el botín de tan larga campaña –y lo que te queda todavía– no sea lo dorado y brillante que uno espera cuando la inicia, a los doce o trece años, con los ojos fascinados de quien se dispone a la aventura. Pero es un botín, es tuyo, es lo que hay, y es, te lo aseguro, mucho más de lo que la mayor parte de quienes te rodean obtendrán en su miserable y satisfecha vida. Tú has abordado naves más allá de Orión, recuerda. Tienes la mirada de los cien metros, esa que siempre te hará diferente hasta el final. Fuiste, vas, irás, esos cien metros más lejos que los otros; y durante la carrera, hasta que suene el disparo que le ponga fin, habrás sido tú y habrás sido libre, en vez de quedarte de rodillas, cómoda y estúpida, aguardando.
Ahora sabes que todo merece la pena. La larga travesía por ese mundo de méritos numéricos y ausencia de reconocimiento, donde te viste obligada a arrastrar contigo al niño de papá, al tonto del haba, al inútil carne de matadero, con tal de llevar a buen término el trabajo para el que te bastabas en solitario. Has crecido y sabes que las oportunidades no estaban en los otros, sino en ti. Que no había nada malo en aquella chica tímida que se llevaba libros a las horas libres de tutoría; que buscaba la mirada de los profesores inteligentes, no para hacerles la pelota, sino por sentirse cómplice y no estar sola. La jovencita que sobrecargaba la mochila con El guardián entre el centeno o El señor de los anillos, que en la excursión del cole a Madrid prefería ver el Planetario, el Prado o el Reina Sofía a dejarse la garganta en el parque de atracciones. Que se enfrentaba a la hostilidad de compañeros cretinos porque era la única que había leído las Sonatas de Valle-Inclán o sabía quién era Wilkie Collins. Ahora que miras hacia atrás con madurez, comprendes que cada vez que alguien ninguneó tu forma de ser, te insultó, te miró por encima del hombro, no hizo sino precipitar tu aprendizaje y tu lucidez. Tu certeza de ser mejor, más despierta y diferente.
Mírate ahora. Qué lejos estás de tanto borrego y tanto buey. Entras en la edad adulta sin que nadie pueda imponerte una sonrisa falsa cuando el mundo y su estupidez, su envidia, su mezquindad, te hagan fruncir el ceño. Ahora tienes la certeza de que no te equivocaste, y de que la niña callada en el banco del fondo puede ser vengada por la mujer que hoy la recuerda. Sabes ya que puedes ser feliz a tu manera y no a la de otros, con tus libros, con tus películas, con tu familia, con esos amigos que no sabes cuánto tiempo van a durar y por eso aprecias tanto, con la mirada serena que ahora posas a tu alrededor, en la calle, en el trabajo, en la vida. En la muerte. Ahora sabes que la virtud, en el más hondo sentido de la palabra, está en ese aguante de tantos años, cuando cerca estuvieron de convertirte en otra. Comprendes al fin que los malos profesores son un accidente sin demasiada importancia, pues eres tú quien aprende; y la vida, incluso con sus insultos, con sus malvados, con sus tragedias, con sus reglas implacables, la que te enseña. Nadie dijo que fuera fácil.
El otro día fuiste a ver Salvador y saliste del cine asombrada, llorando. No por la película, ni por la suerte del protagonista, sino por la certeza de que los ideales de aquel muchacho ya no tienen sentido, porque ninguno los sustituye ahora, porque la gente de tu edad se divide en dos grandes grupos: una minoría de analfabetos desorientados, pasto de demagogia barata en manos de políticos sin escrúpulos, y una masa inerte cuya única aspiración es salir en Gran Hermano o ponerse hasta arriba el sábado por la noche; jóvenes con garganta y sin nada que gritar, que se irían por la pata abajo puestos en la piel de Salvador Puig Antich, o a los que, viendo El crimen de Cuenca, la sola visión del garrote vil haría cerrar los ojos con escalofríos en la nuca. Pero tus lágrimas, amiga, demuestran que tienes razón. Que no te equivocaste al amar al conde de Montecristo y al Gabriel Araceli de Galdós, al buscar el secreto genial de un soneto de Borges o Quevedo, al transitar, jugándotela, por los senderos sin carteles luminosos en los pasillos oscuros de la Historia. Al hacer de cada esfuerzo, de cada miedo, de cada desengaño, de cada ilusión y de cada libro, un martillo con el que picar los muros espesos que te rodean. Y si algún día tienes hijos, intenta que sean como tú. Como esos tipos flacos de los que hablaba Julio César, a la manera de Casio: gente de dormir inquieto, peligrosa y viva. La que quita el sueño a los apoltronados y a los imbéciles.
Arturo Pérez-Reverte
Ahora sabes que todo merece la pena. La larga travesía por ese mundo de méritos numéricos y ausencia de reconocimiento, donde te viste obligada a arrastrar contigo al niño de papá, al tonto del haba, al inútil carne de matadero, con tal de llevar a buen término el trabajo para el que te bastabas en solitario. Has crecido y sabes que las oportunidades no estaban en los otros, sino en ti. Que no había nada malo en aquella chica tímida que se llevaba libros a las horas libres de tutoría; que buscaba la mirada de los profesores inteligentes, no para hacerles la pelota, sino por sentirse cómplice y no estar sola. La jovencita que sobrecargaba la mochila con El guardián entre el centeno o El señor de los anillos, que en la excursión del cole a Madrid prefería ver el Planetario, el Prado o el Reina Sofía a dejarse la garganta en el parque de atracciones. Que se enfrentaba a la hostilidad de compañeros cretinos porque era la única que había leído las Sonatas de Valle-Inclán o sabía quién era Wilkie Collins. Ahora que miras hacia atrás con madurez, comprendes que cada vez que alguien ninguneó tu forma de ser, te insultó, te miró por encima del hombro, no hizo sino precipitar tu aprendizaje y tu lucidez. Tu certeza de ser mejor, más despierta y diferente.
Mírate ahora. Qué lejos estás de tanto borrego y tanto buey. Entras en la edad adulta sin que nadie pueda imponerte una sonrisa falsa cuando el mundo y su estupidez, su envidia, su mezquindad, te hagan fruncir el ceño. Ahora tienes la certeza de que no te equivocaste, y de que la niña callada en el banco del fondo puede ser vengada por la mujer que hoy la recuerda. Sabes ya que puedes ser feliz a tu manera y no a la de otros, con tus libros, con tus películas, con tu familia, con esos amigos que no sabes cuánto tiempo van a durar y por eso aprecias tanto, con la mirada serena que ahora posas a tu alrededor, en la calle, en el trabajo, en la vida. En la muerte. Ahora sabes que la virtud, en el más hondo sentido de la palabra, está en ese aguante de tantos años, cuando cerca estuvieron de convertirte en otra. Comprendes al fin que los malos profesores son un accidente sin demasiada importancia, pues eres tú quien aprende; y la vida, incluso con sus insultos, con sus malvados, con sus tragedias, con sus reglas implacables, la que te enseña. Nadie dijo que fuera fácil.
El otro día fuiste a ver Salvador y saliste del cine asombrada, llorando. No por la película, ni por la suerte del protagonista, sino por la certeza de que los ideales de aquel muchacho ya no tienen sentido, porque ninguno los sustituye ahora, porque la gente de tu edad se divide en dos grandes grupos: una minoría de analfabetos desorientados, pasto de demagogia barata en manos de políticos sin escrúpulos, y una masa inerte cuya única aspiración es salir en Gran Hermano o ponerse hasta arriba el sábado por la noche; jóvenes con garganta y sin nada que gritar, que se irían por la pata abajo puestos en la piel de Salvador Puig Antich, o a los que, viendo El crimen de Cuenca, la sola visión del garrote vil haría cerrar los ojos con escalofríos en la nuca. Pero tus lágrimas, amiga, demuestran que tienes razón. Que no te equivocaste al amar al conde de Montecristo y al Gabriel Araceli de Galdós, al buscar el secreto genial de un soneto de Borges o Quevedo, al transitar, jugándotela, por los senderos sin carteles luminosos en los pasillos oscuros de la Historia. Al hacer de cada esfuerzo, de cada miedo, de cada desengaño, de cada ilusión y de cada libro, un martillo con el que picar los muros espesos que te rodean. Y si algún día tienes hijos, intenta que sean como tú. Como esos tipos flacos de los que hablaba Julio César, a la manera de Casio: gente de dormir inquieto, peligrosa y viva. La que quita el sueño a los apoltronados y a los imbéciles.
Arturo Pérez-Reverte
Bailame el agua
Bailame el agua.
Úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto.
Riégame de especias que dejen mi vida impregnada de tu olor.
Sácame de quicio.
Hazme sufrir.
Aviva las ascuas.
Ponme a secar como a un trapo mojado.
No desates las cuerdas hasta que sea tarde, demasiado tarde.
Sírveme un vaso de agua ardiente y bendita que me queme por dentro, que no sea ni tuya ni mia, que sea de todos.
Líbrame de mi estigma. Llámame tonto.
Sacrifica tu aureola. Perdóname.
Olvida todo lo que haya podido decir hasta ahora.
No me arrastres. No me asustes.
Vete léjos. Pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo.
Sangra mis labios con sanguijuelas de colores.
Fuma un cigarro por mi. Traga el humo.
Arréglalo y que no vuelva a estropearse.
No lo tragues. Échalo fuera.
Crúzate conmigo en una autopista a cien por hora.
Sueña retorcido. Sueña feliz, que yo me encargaré de tus enemigos.
Dame la llave de tus oídos. Toca mis ojos abiertos.
Nota la textura del calor. Hasta reventar.
Sé yo mismo y no te arrepientas.
¿Por cuánto te vendes?
Regálame a tus ídolos. Yo te enviaré a los mios.
Píllate los dedos.
Los lameré hasta que no sepan a miel, hasta que dejen de ser miel.
Sal, niégalo todo y después vuelve.
Te invito a un café. Caliente, claro.
Sin azúcar. Sin aliento.
Daniel Valdés
Bailame el agua
*La película Bailame el agua está inspirada en el libro de Daniel Valdés del mismo nombre. Tanto el libro como la peli me encantaron. Y este poema es, a mi modo de ver, una de las mejores descripciones del amor, de la locura de estar enamorado, de discutir, de reconciliarse, de querer dejarlo todo, de no poder vivir sin la otra persona. Y de cambiar de una cosa a otra en instantes. Y por eso os recomiendo ver la película.
viernes, 25 de mayo de 2007
Cambio de look

jueves, 24 de mayo de 2007
Habrá que tomárselo con humor
Dentro de 15 escasas horas, la abajo firmante, tiene que exponer en la asignatura de Etnología y Patrimonio de la Península Ibérica un trabajo sobre el pueblo donde tantos buenos momentos ha pasado. El título del trabajito en cuestión es: La música como elemento de cohesión social en Rebanal de las Llantas (Palencia)(ahí es nada). Los que me conocen saben que tengo veneración por mi pueblo. Pero ahora mismo sólo de pensar en él, siento calambres en los dedos. A 15 horas de la exposición así están las cosas:
- tengo escritos unos 11 folios de los 30 que calculo me ocupará (más fotos)
- no he comenzado a hacer el power point de la exposición
- no se cómo **** voy a exponer un trabajo sobre música en un equipo sin sonido
Así que tenía varias opciones:
1. Llamar a Agustina, Felicitas, Teresa, Ángeles y todas aquellas señoras que participaron en la elaboración del disco de canciones de mi pueblo y preguntarlas si ese día no tenían otra cosa que hacer.
2. Tirarme por la ventana directamente.
3. Irme a dormir, levantarme pronto y continuar con el trabajo.
4. O escribir este post, desahogarme y continuar haciendo el trabajo.
Me decidí por la cuarta opción como habéis podido comprobar. Así que voy a seguir, no sin antes dejar una viñeta de la genial Mafalda para animarme un poco y para animaros a vosotros después del rollo que os he soltado. Por un momento he pensado en poner una escusa como la de Miguelito a la profesora, jeje. Ya os contaré qué tal fue.

miércoles, 23 de mayo de 2007
El sol de medianoche


martes, 22 de mayo de 2007
Funes el memorioso

lunes, 21 de mayo de 2007
Tolerancia

Esta foto que me encontré en el blog de Killdrum (ya me acordé) dando un paseo por la red, ha gustado bastante. Yo antaño había recibido un Fw a mi correo con este texto y me pareció una reflexión muy sabia. Y cuando vi la foto, inmediatamente la puse en un post. Y que esté gustando tanto, me da mucha esperanza. Esperanza por que pienso que aunque desgraciadamente siempre habrá prejuicios, hay gente que opina que la intolerancia no nos lleva a ningún sitio y que tiene muy presente que hace dos días eramos nosotros los emigrantes. Por eso todo aquel que quiera copiar la foto y colgarla en su blog, no sólo tiene mi "permiso" sino que además aportaría su granito de arena en la difusión de este mensaje pro-tolerancia.
domingo, 20 de mayo de 2007
miércoles, 16 de mayo de 2007
Historias de estación

miércoles, 2 de mayo de 2007
Sotillos


martes, 1 de mayo de 2007
Palencia de luto
Hoy es un día triste en Palencia. Nos hemos levantado con la terrible noticia del derrumbamiento de un edificio de pisos por una explosión de gas. Las imágenes son tan desoladoras y dantescas que me es imposible verlas y mucho menos publicar una. En estos momentos se habla de 6 víctimas mortales, muchos heridos y unos 200 afectados de las casas colindantes. A mi, a excepción de una amiga que vivía al lado y que está bien, no me ha tocado cerca, pero Palencia es una ciudad pequeña y siempre conoces a alguien que conoce a alguien. El dolor, como suele ocurrir en estas desgracias, es un sentimiento unánime en todos. Hoy la gente, estaba desangelada, con el rostro desencajado, como es lógico en estos casos. Escribo este post para descargar un poco de la angustia y el dolor que se han acumulado hoy. Hay que destacar la genial labor de bomberos, policías, sanitarios y todos los voluntarios que han sido eficaces y rápidos en las labores de rescate, que a estas horas aún continúan. Hoy Palencia entera está de luto.
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