sábado, 26 de septiembre de 2009
21 de Septiembre
A Fernando lo veo casi cada día cuando estoy en Palencia. A eso de las 8 de la tarde cuando voy a buscar a mi madre al trabajo, me lo encuentro siempre. Lleva a su madre del brazo y dan un paseo por los alrededores de la casa de ésta. Su madre padece desde hace algunos años Alzheimer, ya no recuerda quien es, como ha sido su vida, si es feliz, los colores, ni tan siquiera los nombres de sus hijos o nietos.
Pero Fernando todos los días, religiosamente, agarra a su madre del brazo y da un paseo mientras le cuenta su día a día, las cosas de sus hijos o historias del pasado que quizá ella misma le contó a él. Ella normalmente atiende silenciosa, quien sabe pensando en qué.
Pero hay días, en los que salta el resorte y ella responde a sus explicaciones con extraordinaria lucidez, conversando, dando datos, llamándole Fernando. Esto suele durar minutos en él mejor de los casos, y luego vuelve a ese mundo olvidadizo en el que se encuentra anclada.
Pero para Fernando es suficiente. Esos segundos compensan todas las tardes en silencio. Esos días son extraordinarios.
Fernando continuará paseando a su madre, esperando a que ese rayo de sol, inunde su mente por unos instantes.
*El pasado 21 de Septiembre fue el día Mundial del Alzheimer. La historia de Fernando es real, pero hay miles, millones de héroes anónimos que luchan cada día con esta enfermedad.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Gran día
viernes, 4 de septiembre de 2009
Pájaros

Es pequeño, de largas plumas anaranjadas en la cola, aunque el resto de su cuerpo, comparte color con el carbón.
Hay un pájaro en mi ventana.
Trina melodías desconocidas, que quizá aprendió en lugares dispares.
Hay un pájaro en mi ventana.
Y me quedo quieta, no cambio de postura mi cuerpo, ni tan siquiera respiro, por miedo a que extienda sus alas y se vaya.
Tampoco me quiero mover mucho, por si esta sensación de que todo está bien en mi mundo, que nada va a ir mal, que lo que me rodea es perfecto, se desvanece y echa a volar.
Hay un pájaro en mi ventana.
Y mientras siga aquí, me quedaré quieta mirándolo y disfrutándolo, hasta que se vuelva a marchar.
Foto: Flickr
Hegoak ebaki banizkio
Si le hubiera cortado las alas
miércoles, 26 de agosto de 2009
My blueberry nights
¿Quién no se ha dado cuenta de cuanto amaba a alguien, cuando lo ha perdido para siempre?
¿Quién no ha tenido un sueño y cuando se ha cumplido ha perdido todo su encanto?
¿Quién alguna vez, voluntaria o involuntariamente, no ha hecho daño a la persona que más ama?
¿Quién no ha confesado con más facilidad sus sentimientos a un desconocido que a un amigo cercano?
¿Quién al evocar un pasaje muy feliz de su vida no ha dudado si fue real o inventado?
¿Quién no se ha equivocado y ha rectificado mil veces en su vida?
¿Quién no ha recorrido miles de kilómetros buscando la felicidad sólo para darse cuenta de que la tenía justo al lado?
lunes, 17 de agosto de 2009
La habitación del hijo
LA HABITACIÓN DEL HIJO
Lo conoce mejor que a ella misma. O creía conocerlo, porque el joven silencioso y reservado que ahora vive en la casa le parece, en ocasiones, un extraño. El niño dejó de serlo hace tiempo. A veces, cuando está fuera, la madre se queda un rato en su habitación, callada, mirando los objetos, los libros –ella compró los primeros y los puso allí, soñando con el lector que alguna vez sería–, las fotos de amigos, de chicas. Las medallas que ganó en el colegio, tenaz, esforzado. Valiente como ella procuró enseñarle a ser. Con el ejemplo del padre: un buen hombre que nunca dice tres frases seguidas, pero que jamás faltó a su deber, ni hizo nada que no fuera honrado. Que educó al hijo con más ejemplos que palabras. Inmóvil en la habitación, aspira su olor. Desde hace mucho es seco, masculino. Distinto del que tanto añora: aroma de cuerpecito menudo en pijama, olorcillo a carne tibia, casi a fiebre. A bebé y niño pequeño, que con el tiempo se desvanece y no regresa nunca. El crío que aparecía en la cama a medianoche con las mejillas húmedas, después de una pesadilla, para refugiarse a su lado, entre las sábanas. Quizá algún día recupere ese olor con un nieto, o una nieta. Con otro cuerpecito al que estrechar entre los brazos. Ojalá no esté demasiado mayor para entonces, piensa. Que aún tenga fuerza y salud para ocuparse de él, o de ella. Para disfrutarlos. Libros. Hay muchos en la habitación, y jalonan veinticinco años de una vida. Infantiles, aventuras, viajes, textos escolares, materias universitarias, novela, ensayo, arte, historia. Desde niño, leyéndole cuentos e historietas, orientándolo con cautela, ella fue transmitiéndole el amor por la palabra escrita. La puerta maravillosa a mundos y vidas que acaban por multiplicar la propia: aspiraciones, sueños, anhelos cuajados en largas horas de lectura y templados en la imaginación. La intensidad de una mirada joven que explora el mundo en el descubrimiento de sí misma. Estos libros llevaron al muchacho a reconocerse entre los demás, a moverse con seguridad por el territorio exterior, a descubrir y planear un futuro. A estudiar una carrera bella y poco práctica, relacionada con la lengua, el pasado, el arte y la historia. A licenciarse en sueños maravillosos. En cultura y memoria. Ahora ella, inquieta, se pregunta si hizo bien. Si la lucidez que estos libros dieron a su hijo no sirve más bien para atormentarlo. Lo sospecha al verlo salir de casa para entrevistas de trabajo de las que siempre vuelve hosco, derrotado. Cuando lo ve teclear en el ordenador buscando un resquicio imposible por donde introducirse y empezar una vida propia: la que soñó. Cuando lo ve callado, ausente, abrumado por el rechazo, la impotencia, la falta de esperanza que pronto sustituye, en su generación, a las ilusiones iniciales. Recuerda a los amigos que empezaron juntos la carrera animándose entre sí, dispuestos a comerse el mundo, a vivir lo que libros y juventud anunciaban gozosos. Cómo fueron desertando uno tras otro, desmotivados, hartos de profesores incompetentes o egoístas, de un sistema académico absurdo, injusto, estancado en sí mismo. De una universidad ajena a la realidad práctica, convertida en taifas de vanidades, incompetencia y desvergüenza. Pese a todo, su hijo aguantó hasta el final. Fue de los pocos: acabó los estudios. Licenciado en tal o cual. Un título. Una expectativa fugaz. Luego vino el choque con la realidad. La ausencia absoluta de oportunidades. El peregrinaje agotador en busca de trabajo. Los cientos de currículum enviados, el esfuerzo continuo e inútil. Y al fin, la resignación inevitable. El silencio. Tantas horas, días, años, de esfuerzo sin sentido. La urgencia de aferrarse a cualquier cosa. Hace una semana, cuando llenaba el formulario para solicitar un trabajo de dependiente en una tienda de ropa de marca, el consejo desolador de un amigo: «No pongas que tienes título universitario. Nadie emplea a gente que pueda causarle problemas». Tocando los libros en sus estantes, la madre se pregunta si fue ella quien se equivocó. Si no tendría razón su marido al sostener que no está el mundo para chicos con sueños en la cabeza y libros bajo el brazo. Si al pretenderlo culto y lúcido no lo hizo diferente, vulnerable. Expuesto a la infelicidad, la barbarie, el frío intenso que hace afuera. Es entonces cuando, abriendo un libro al azar, encuentra unas líneas subrayadas –a lápiz y no con bolígrafo ni marcador, ella siempre insistió en eso desde que él era pequeño–: «En el mar puedes hacerlo todo bien, según las reglas, y aun así el mar te matará. Pero si eres buen marino, al menos sabrás dónde te encuentras en el momento de morir». Se queda un instante con el libro abierto, pensativa. Releyendo esas líneas. Después lo cierra despacio, devolviéndolo a su lugar. Y sonríe mientras lo hace. Una sonrisa pensativa. Dulce. Tal vez no se equivocó por completo, concluye. O no tanto como cree. Puede que él forjara sus propias armas para sobrevivir, después de todo. Quizá mereció la pena.
Arturo Pérez-Reverte
Extraído de http://www.xlsemanal.com/
lunes, 10 de agosto de 2009
Five months ago
domingo, 8 de marzo de 2009
Estás aquí para ser feliz
domingo, 18 de enero de 2009
No son vacaciones
viernes, 9 de enero de 2009
La ciudad y yo
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Balance 2008 y Feliz 2009
viernes, 24 de octubre de 2008
Comienzo

Pero sobretodo, lo que más sorprendió fue la cantidad de veces que el profesorado nos dio las gracias por haber elegido su oferta y no otra. Además estuvieron super atentos con nosotros y muy cercanos a nosotros. Parece que vamos a trabajar bastante duro, pero creo que merecerá la pena porque el equipo de profesionales que forma el profesorado es bastante competente. Así que el miércoles, cuando tengo mi primera clase, ya os contaré como me ha ido.
martes, 21 de octubre de 2008
Partida
Regreso
En estos dos meses han pasado bastantes cosas, las suficientes como para que mi vida se algo diferente. En Septiembre me licencié, lo cuál me sorprendió y satisfizo a partes iguales, crucé el charco para vivir durante tres semanas la auténtica American Life en Boston y NYC y me admitieron en el Master de Arqueología en Córdoba, lo que supone recorrerme la Península, cambiar de vida y dejar todo atrás. Pero la verdad es que estoy bastante ilusionada, creo que va a ser una buena oportunidad, tanto profesional como personalmente.
Y creo que esta circunstancia me va a permitir contar cosas nuevas por lo que mi vuelta al blog es un hecho. Además os he echado a todos de menos, vuestras historias, vuestras vivencias, aunque os he ido leyendo durante mi ausencia. Lamento las molestias, a los que habéis comentado sin respuesta, a los que os habéis preocupado porque no aparecía. Todo estaba bien, sólo que el parón me ha venido bien.
Asi que por aqui seguiré porque nunca me fui del todo.
martes, 19 de agosto de 2008
Una oración por Santi*
El otro día eché la vista atrás, de nuevo. Creo que tenemos esa manía las personas, cuando el presente es monótono echamos mano de los recuerdos, de aquellos momentos felices que todos saboreamos precisamente para poder evocarlos en las malas épocas. Y me acordé de Santi. Hace ya muchos años que Santi nos dejó, un caluroso día de agosto. Y a pesar de que han pasado ya 10 años, si mi memoria no falla, creo que aún no he encontrado una persona con el corazón que él tenía. Siempre se dice que se van los mejores y con Santi, desde luego, eso se cumplió a rajatabla.
Era una enana cuando comenzamos a veranear en Gernika, un cominillo, pero siempre he pensado que las cosas especiales que se viven cuando se es pequeño, quedan grabadas de por vida en nuestra retina. Afortunadamente, los recuerdos de esos veranos en Gernika son muy nítidos. Mis padres siempre cogían las vacaciones la primera quincena de agosto y nos íbamos todos a casa de Celia y de Santi. Celia es prima de mi padre y Santi era su marido. No tenían hijos y para ellos sus sobrinos eran su tropa. Cuando íbamos a Gernika, Santi siempre se cogía vacaciones para estar con nosotros todo el rato y enseñarnos los rincones más bonitos del País Vasco. Todos los días nos despertaba a mi hermana a mi: "Buenos días. Arriba neskas". Unos días tocaba playa, otros visita turística, a veces las dos cosas. Santi era la persona más generosa que te podías encontrar. Creo que de él aprendí los trucos básicos para pagar en un bar o un restaurante siempre que quiero y dejar al resto con el billete en la mano. Era graciosísimo, siempre alegre, no tenía una mala palabra para nadie, contaba muchos chistes y era muy cariñoso con todo el mundo. Con él aprendí mis primeras palabras en euskera, comí manzanas ácidas de los árboles en su caserío, fui por primera vez a Donosti, me bañé los pies en la Concha (hacía un frío...)por primera vez, conocí el espectacular Castillo de Brutón, probé por primera vez los pimientos de Gernika, aprendí a escanciar sidra del barril en Astigarraga, pobré por vez primera el patxaran y miles de cosas que siempre recordaré. Recuerdo que en su casa siempre había aceitunas negras (las mejores que he comido en mi vida) y mikolápices en la nevera, que comiamos sentados en el balconcito mirando a la ría de Gernika, que siempre estarán asociados a él.
La última vez que estuvimos en Gernika, el año anterior a que se fuera, mientras pasábamos con el coche, por esas sinuosas carreteras que tiene Euskadi, vi una cruz en una curva. Y le pregunté que significaba ésta. Me contó que allí alguien habría perdido la vida y que algún ser querido, en recuerdo, le había erigido la cruz.
En la tarde del 4 de agosto, nos llamaron a casa diciéndonos que había muerto. A mi hermana y a mí nos quisieron contar que estaba grave, pero las caras de mis padres eran muy claras. Mientras estaba de vacaciones con unos amigos por Torrelavega, habían tenido un accidente de tráfico. Él fue el único que murió de los tres que iban en el coche. Supongo que él lo habría querido así, cómo un último acto de amistad póstumo.
No hay ninguna cruz en el sitio donde perdió la vida. Supongo que el tampoco querría una. Pero yo le recuerdo muchas veces, supongo que eso, a él, le gustaría más. No volvimos a ir a Gernika de vacaciones. Sin Santi no es lo mismo. Pero afortunadamente todos los buenos momentos que pasamos con él nos acompañan allí donde vayamos.
A mi me consuela pensar que seguro que allí donde esté, estará pagando txikitos a todo el que se encuentre por ahí, mientras cuenta sus mejores chistes y arranca las sonrisas de los que le rodean.
lunes, 28 de julio de 2008
Stand by me
sábado, 5 de julio de 2008
Mejor que una aspirina
Y hoy me voy a mi paraíso. Me acordaré de vosotros tirada en la hamaca. Pasad buen finde.
sábado, 28 de junio de 2008
Esta vez sí
Nos lo han contado, pero nunca lo hemos vivido. En el año 84, España, llegó a la final de la Eurocopa que se celebraba en la vecina Francia. Y fue precisamente Francia, con la que nos toco batirnos en la final. El resultado 2-0 en favor de los galos. Tenemos que remontarnos al 64 para ver a España vencedora de una Eurocopa, frente a la URSS.
domingo, 15 de junio de 2008
Mi paraíso
martes, 3 de junio de 2008
Espejismos
Aprendí a no ser tan burra, tan cabezota, a confiar más en la gente. A que la coraza que me había colocado en el pasado, no me impidiera perderme lo bueno de la vida.
Aprendiste que nada era imposible, que el tesón y la constancia eran infalibles. Comenzaste a querer y a demostrarlo. Creo que encarrilaste tu futuro sin darte cuenta.
Supongo que maduramos a trompicones, como sin quererlo. Nos confiamos, nos relajamos, pensamos que todo era eterno.
Y un día giré mi cabeza y no estabas a mi lado. Nadie aferraba mi mano en los momentos duros, nadie me abrazaba cuando no tenía consuelo.
Sólo tus recuerdos, el tiempo pasado juntos. Sólo eso me quedó para añorate.
En ocasiones la vida nos ha cruzado, apenas unos instantes. Quizá para que nos dieramos cuenta de lo que perdimos, para que aprendieramos que nada duraba para siempre.
Y al mirar tus ojos, aún puedo ver a quien me miraba apoyado en mi almohada instantes antes de besarme. Aquel que me hacía reír a carcajadas con una simple palabra.
Pero como un espejismo, esa visión se desvanece y volvemos a ser dos extraños que se saludan, sin saber muy bien cuando se conocieron. Cuando se perdieron.
jueves, 29 de mayo de 2008
"Cuando nos vamos de este mundo, todo el mundo deja algo detrás. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocara de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tu mueres. Y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor que tú plantaste, tú estarás allí. No importa lo que hagas, en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú. Después de que separes de ellos tus manos, tu esencia siempre estará allí".
Alguien muy importante para mí, ha perdido a un ser muy querido. Sé que leerás esto. Quiero sepas que estoy aquí a tu lado. Te quiero mucho niña.
Ella es una de las cosas que él dejó en este mundo, con su esencia. Y él siempre estará aquí, con ella, con nosotros.
jueves, 22 de mayo de 2008
Paralelo 36
Luis camina. Camina, sin mirar atrás. Es de noche, una de esas noches invernales en las que el frío lo inunda todo. Está comenzando a nevar. Quizá sea mejor así, que el frío no deje pensar, que los sentimientos no afloren desde el interior. Los pequeños copos de nieve comienzan a impactar en la cara de Luis mientras una lágrima asoma en su ojo. Unos ojos llenos de miedo, inseguridad, pánico a lo que se va a encontrar, a lo desconocido. Sería muy fácil llorar ahora, sacar de su interior todo lo que está sintiendo. Pero ahora toca ser valiente, toca armarse de valor, toca seguir hacia delante. A su espalda queda su patria, su gente, su familia, su mujer, sus hijas. Su vida. Pero él continúa con determinación. En su bolsa, además de sus ropas, lleva una ilusión: una vida mejor en Alemania.
Luis sube al tren que le lleva a un sueño.
Said corre. Corre, sin mirar atrás. Es de noche, una de esas noches negras, donde no se ve a un palmo de distancia. Corre con determinación, más rápido de lo que lo ha hecho jamás. Corre sin saber dónde está el final. No está sólo. Junto a él, otros cuarenta compatriotas corren para alcanzar su sueño. Su sueño y el de toda su familia, el de toda su gente. El futuro de ellos depende del éxito de este viaje. Oye los jadeos de sus compañeros. Corren pisándose los unos a los otros. Corriendo, con esa oscuridad, se siente como un fugitivo, como alguien que acaba de recobrar la libertad, pero que está siendo perseguido. Said siente miedo, inseguridad, pánico hacia lo que le va a esperar al otro lado del Estrecho. Eso si consigue alcanzar la costa.
Ya ha oído muchas historias de aquellos que ven truncadas sus esperanzas y no llegan a pisar la zona española. Compatriotas suyos, que poniendo todo lo que tienen en peligro, no logran lo que desean y pierden sus vidas en el intento.
Pero no debe pensar en eso. No puede dejar que el miedo le supere, ahora que está llegando a la playa marroquí donde la patera les espera para ese viaje. El viaje que puede ser el billete a lo que siempre anheló.
Said se embarca hacia la costa del país de la esperanza.
Luis sale del banco de cobrar su pensión. Una mísera jubilación. Todas las penalidades vividas en Alemania, todo el dinero mandado a España en esos años, todo lo que él, como el resto de los emigrantes que buscaron un futuro mejor, aportó para que ahora haya prosperidad en su patria, no se ve recompensado en su pensión de jubilación.
Al menos logró lo que fue buscando. Consiguió sobrevivir, hacerse un hueco en aquel país extraño. Luchó contra un idioma que no conocía, contra una cultura diferente, en un lugar que no era el suyo. Pudo traerse dinero, tras diez años de duro trabajo, de extrañar lo que había dejado atrás, para comenzar un negocio en España y continuar luchando para salir adelante. Con la madurez de los años, Luis recuerda a aquel joven que cogió un tren aquel día invernal y tiene la certeza de que lo volvería a hacer, aun siendo consciente de todo lo que ha sufrido. Volvería a subir a ese tren sin dudar.
Ruido de hélices en el aire. Ruido de motores en el mar. Justo en el instante en el que Said pisa tierra, oye el helicóptero sobre su cabeza. Siente como su sueño se escapa de sus manos. Al darse la vuelta, ve la turbolancha de aduanas llegar a la costa. La playa, queda entonces invadida por un montón de policías y miembros sanitarios que acuden con mantas y termos para hidratar a los recién llegados. Serán repatriados en unas horas.
Todos los planes, los suyos, los de su gente, se ven truncados en un instante.
Luis ojea un periódico mientras se toma una copa de vino, uno de los únicos lujos que se permite. En portada, como ya es costumbre en los titulares del verano, aparece la foto de uno de los marroquíes que fueron interceptados en las costas gaditanas la noche anterior, tras pasar el paralelo 36 y entrar en la jurisdicción española. En la mirada de ese joven se reconoce, ve al chico que años atrás cogió un tren una mañana fría de invierno. Pero en la mirada de ese joven hay algo más. Hay un halo de derrota, de frustración, de fracaso, de tristeza.
Luis piensa en lo que él hubiera sentido de no haber llegado a su destino. Si no hubiera cumplido su sueño.
Luis mira a Said. A pesar de los años que les separan, a pesar de la diferencia de culturas, siente que ese rostro podría ser el suyo.
Siente que él podría haber sido Said.
Notando que la rabia y la impotencia le invaden, apura el último trago de su copa de vino. Un trago que hoy, es más amargo de lo que nunca lo fue.
domingo, 18 de mayo de 2008
Si todo sale bien

Trigueros del Valle (Valladolid)
Etnología
AGOSTO
Falacrinae. Rieti. Italia.
Excavación de la posible villa de Vespasiano

Boston. Massachusetts. EE.UU.
Y por fin, y aquí sí que todo tiene que salir bien...
NOVIEMBRE
Sevilla. España. Master de Arqueología.
Nota aclaratoria: Este post sirve como autosugestión, para que la propietaria de este blog se de cuenta de lo que puede perder si se duerme en los laureles y para que la propietaria se ponga de una vez a estudiar y deje de bloguear y demás.
sábado, 10 de mayo de 2008
Brainstorm








